Sábado, 17 Noviembre 2018

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'Gauguin, viaje a Tahití': Destellos de maestría

La película resulta interesante pero está incompleta ya que no profundiza en la figura del pintor
10-10-2018 07:22
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Vincent Cassel como Paul Gauguin. YouTube

Vincent Cassel como Paul Gauguin. YouTube

Arroja rayos de luz sobre la figura del gran pintor renovador Paul Gauguin y recrea con una paleta suave los preciosos y sugestivos paisajes de la isla de Tahití y la belleza de sus nativas, aunque no logra profundizar en la medida necesaria en su figura y en las claves de su personalidad. Es por eso una película interesante pero incompleta, que reduce demasiado los diálogos y pierde parte de su ritmo vital. Sin que haya que hablar de error o de fracaso, por supuesto, está claro que habían motivos y recursos para haber hecho un trabajo biográfico de mayor envergadura. De hecho salen mejor parados los paisajes y la ambientación que la dimensión dramática del personaje y sus cualidades humanas.

Basada en el libro del propio Paul Gauguin, aunque en el guion han colaborado cinco escritores, la cinta se acerca al personaje en un periodo trascendental de su vida a finales del siglo XIX, cuando el artista siente la necesidad de modificar y renovar su forma de entender el arte. Intentará, después de diversas experiencias en Panamá, Bretaña y Martinica, instalarse con su mujer y sus cinco hijos en el paraíso perdido de Tahití, pero su empeño acabará en solitario cuando la familia decide no seguir sus pasos. Decidido a no perder la oportunidad de dar un nuevo sentido a sus lienzos, opta por quedarse en un entorno fascinante a pesar de sus problemas de salud y su penosa situación económica. Será acogido en la aldea de Mataiera, haciendo caso omiso a un infarto, y se verá gratamente recompensado con el amor de una nativa, Tehura, que además de posar para gran parte de sus cuadros le regalará algo muy parecido a la felicidad.

El obstáculo más complicado que se ha cruzado en el camino de la película es la discutible caracterización del protagonista, incorporado por un Vincent Cassel que pone lo mejor de su parte pero que no llega a identificarse plenamente con un Gauguin que no expresa todo lo que lleva dentro y que rompe en ocasiones una dinámica un tanto forzada. La paradoja, una vez más y como sucedió a otros grandes de la pintura, es que aunque pintó verdaderas obras maestras su reconocimiento tardaría en hacerse realidad y acabaría sus días en la indigencia absoluta.

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