Martes, 25 Septiembre 2018

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'Cásate conmigo, por favor': Ingenuidad sin motivos

Más que irreal, es un pastel un tanto indigesto que no encuentra las respuestas idóneas a cuestiones importantes
05-07-2018 06:45
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Fotograma de 'Cásate conmigo, por favor' Youtube

Fotograma de 'Cásate conmigo, por favor' Youtube

Exagera de forma poco feliz los términos de la comedia romántica y pretende sacar partido de las novedades que se han producido al respecto en el tema de los matrimonios homosexuales, dejando constancia de cuestiones de peso como la inmigración ilegal y las bodas de conveniencia.

Dirigida por el actor y director magrebí, instalado en Francia, Tarek Boudali, que hace frente detrás de la cámara a su primer largometraje, se ubica en el seno de una familia marroquí en donde el peso de las tradiciones y el tabú de lo gay siguen ejerciendo un poder notable. Por eso el protagonista, Yassine, que se ha establecido en París por exigencias de sus estudios, ha de hacer frente a todo tipo de inconvenientes, tanto en el plano legal como en el educativo, para poder iniciar una carrera universitaria, la de arquitectura. Su desgracia, si no era suficiente con haber abandonado a sus seres queridos en Marruecos, es que se convierte en un ilegal en el país vecino al perder el visado de estudiante y no poder presentarse al examen final.

Yassine, sin embargo, no arroja la toalla y recurre a la amistad con el joven gay Fred, cuya ingenuidad salta a la vista, para poder superar los reveses de última hora. Los dos han de superar, no obstante, el concepto liberal que la homosexualidad tiene en Francia, alejado por completo de los tópicos al uso, y donde los prejuicios han quedado enterrados en el marco de una sociedad mucho más tolerante. Esta realidad diferente, lastrada por una mirada ingenua que es demasiado simplista, impide que la cinta sea lo divertida que sería de desear. El recurso de valerse de cuatro guionistas para dar una mayor cobertura al argumento pierde eficacia y pone en evidencia, asimismo, errores de peso en el plano romántico, que está muy cerca del cuento de hadas. Tampoco el amago de varios finales antes de llegar al definitivo es una solución brillante.

Más que irreal, que lo es y mucho, es un pastel un tanto indigesto que no encuentra las respuestas idóneas a cuestiones importantes que se diluyen sin cumplir su objetivo.

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