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El Camino de la Lana: de Requena a Cuenca

Seguimos las huellas de Jaume Roig y recorremos la variante subsidiaria del camino de Santiago hasta la localidad conquense de Cardenete
21-10-2016 11:25
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El Camino de la Lana: de Requena a Cuenca

El Camino de la Lana: de Requena a Cuenca

Horarios Renfe

  • Los trenes de Valencia- Cuenca salen todos los días desde la Estación del Nord a las 6.38 y tienen su llegada a Yémeda- Cardenete a las 9.30.
  • El regreso puede hacerse en el Regional 18162 que sale de Yémeda- Cardenete a las 16.44 y llega a Valencia a las 19.25 (No circula los sábados). 
  • La otra opción es esperar al Regional 18164, que sale a las 20.33 de Yémeda- Cardenete y llega a Valencia a las 23.07. Estre tren circula todos los días de la semana, aunque los domingos va bastante lleno con estudiantes que se desplazan a Valencia.
Tengo unos días de vacaciones y quería iniciar el Camino de la Lana, subsidiario del de Santiago, en su variante desde Requena a Cuenca. El de la Lana es un camino antiguo por el que se comerció y se viajó durante siglos. El escritor valenciano Jaume Roig describió su peregrinación a Santiago a través de esta ruta en su novela 'Espill' , 'El Espejo', en castellano, también conocido como el 'Llibre de les Dones'. Lo escribió, aproximadamente, en 1460, el mismo año que el 'Tirant lo Blanc' de Joanot Martorell, y en el texto relata un divertidísimo encuentro con la 'L'endimoniada de Requena' provocado quizá, por el exceso de vino. Me apunta Nacho Latorre, el archivero de Requena, que en 'l'Espill' se alude también por primera vez en un texto escrito a la variedad de uva bobal, tan reivindicada ahora por estas comarcas.

Sin embargo, el Camino de la Lana o de Requena desde Valencia a Monteagudo de las Salinas, donde conecta con el que termina en Burgos, carece de pensiones u hostales donde pernoctar en algunos pueblos y uno ya no está para padecer. Eso, y el calor, infernal de principios de septiembre, me disuadieron cuando ya tenía la mochila hecha. Pero la cabra tira al monte y al final decidí visitar Cardenete, un pueblo de la Serranía Baja de Cuenca por el que tenía que pasar de haber seguido el Camino de la Lana.

Tras mirar y remirar los horarios de Renfe, me subí a un regional en Requena con destino Cuenca-Aranjuez-Madrid. Siempre digo que esta es una de las líneas de tren más bellas de España, tanto por los parajes que atraviesa, espectaculares, como por las infraestructuras que la hacen posible. Apenas tiene viajeros y Adif invierte poco en la línea, por lo que parece condenada. Además, coincide en su trazado con el AVE y eso son palabras mayores.

A lo que íbamos: me subía al tren a las 8,15 (*) en la coqueta estación de Requena, donde el cantinero cultiva tomates, girasoles y pimientos en lo que antes fueron viejos andenes. Tras pasar por San Antonio, Utiel y Camporrobles, la línea se deteriora y al menos en dos ocasiones el tren casi se para para atravesar unos pasos complicados.

En estos parajes, donde se ven los restos de las estaciones abandonadas de Mira, Víllora o Enguídanos, la línea cruza el río Cabriel y sus arroyos tributarios por espectaculares viaductos como el diseñado por el gran ingeniero español Torres Quevedo para salvar el río Narboneta.

Como no me daba tiempo a bajar, hacer una foto y volver al vagón, os dejo esta foto que firma Paul Bikel en el Blog Spanish Railway. Lo cierto es que aunque fuera el tipo más rápido del mundo, que no lo soy, tampoco habría podido: un hacendado local ha colocado una valla, seguramente ilegal, que impide bajar desde la antigua estación, en ruinas, al valle que salva el viaducto.

Poco después el tren llega a la estación abandonada de Yémeda-Cardenete. Hay que decirle al revisor que quieres bajar o si no el conductor no para el tren. Si se le olvida comunicarlo al control de Cuenca, a la vuelta te puedes llevar un susto y ver como el convoy sigue su camino, ignorándote.

La estación está a tres kilómetros de Cardenete que se hacen a pie. Merece la pena. Me ha gustado Cardenete. Está muy cuidada, con calles y callejas que en su sencillez transmiten cosas. Hay también muchas fuentes dentro del casco urbano que milagrosamente dan agua y refrescan al viajero.

Pronto vacío mi cantimplora y repongo líquido en la Fuente de los dos Caños, situada en la calle principal. Al lado, la iglesia de la Asunción, con un refrescante porche en el que me escondo del sol inclemente por unos minutos. La puerta del templo esconde una sorpresa. ¿O acaso solo yo veo falos donde otros ven un picaporte? Ya me diréis.

En fin, callejeando por el pueblo descubro más fuentes. Todas preciosas, todas con agua y algunas, incluso, con su lavadero asociado. Ya sabéis: el 'feisbuk' de nuestros mayores.

En lo alto del pueblo está su castillo. Espectacular. Nunca unas redondeces, en una fortaleza, prometieron tanta firmeza. Sus muros parecen de origen romano y fue propiedad del Marques de Villena, el 'malo' de la serie Isabel.

Desde el castillo parte un sendero de pequeño recorrido que circunvala el término de Cardenete. Son las 11, hace mucho calor ya y decido caminar hasta la Ermita de San Antonio, a unos tres kilómetros de Cardenete, donde se encuentra la fuente del mismo nombre. Es un lugar fresco, con muchos árboles y una sombra que se agradece.

Desde allí he vuelto a tomar el sendero de pequeño recorrido para visitar el Mirador de la Cañada de San Martín. Para llegar es necesario atravesar un 'desierto' de pinos en el que no me he encontrado a nadie.

Supongo que el calor echa para atrás al más valiente, pero he venido a andar y eso es lo que hago. Al final, tras otros tres kilómetros, aparece el mirador sobre el río Cabriel, siempre verde, de aguas claras, invitador. Lástima que no se pueda bajar hasta el cauce o no sepa como hacerlo. Se hace tarde y hay que volver a Cardenete. A las 13 horas y 15 minutos llego y algo me dice que la mejor cerveza del mundo me espera en el Hogar del Pensionista, situado en los bajos del ayuntamiento.

Unas diez personas en el interior me revisan de arriba abajo. Es pedir un tercio y se acaba el escrutinio. Entre los contertulios, el encargado del ecoparque se pregunta porque la gente acude cuando él no está y tira de cualquier modo los enseres y el escombro que le sobra. Con el tercio helado, sacado de una de esas cámaras/neveras verticales, como las de antaño, el encargado nos pone un pincho de tortilla deliciosa. Se ve que he andado mucho, porque ni la cerveza ni la tortilla calman ni mi sed ni mi hambre. Vamos a por otra. En la calle mayor hay una botica y 'La Rebotica', un restaurante que promete y no decepciona. Las manitas están de miedo.

¿Lo peor?
Pues que hay que bajar andando otra vez a la estación de tren de Yémeda-Cardenete. Tres kilómetros a las tres y media de la tarde y sin una nube. Llego con apuros a la desierta estación. No hay agua. No hay nada. No hay nadie. Encuentro una sombra, escasas, entre el edificio principal y un pino. Parece bien ventilada, así que me tumbo. Como conozco mi habilidad para dormir con un ladrillo de almohada me pongo hasta el despertador en el móvil, no sea que vaya a perder el tren, que debía pasar a las 16,44.

A las 17,20 llega finalmente el tren. Antes llamé al teléfono de incidencias de Renfe, un 902 en el que un robot me ha colgado con la palabra en la boca. Llega el tren, pero no funciona el aire acondicionado, ni hay donde conseguir agua. Apuro la poca que me queda, aunque creo que estoy algo deshidratado. A las 19 horas en casa, en Requena, con ducha, muchos vasos de agua y sin rastro de l´Endimionada.

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