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Crítica de cine

'Una razón para vivir', real y aleccionadora

Una historia real de un joven tetraplégico que alargó su vida y se convirtió en un hito de la medicina
24-11-2017 10:30
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El amor de Diana y su hijo recién nacido hacen que luche Youtube

El amor de Diana y su hijo recién nacido hacen que luche Youtube

Es un debut en la dirección del actor Andy Serkis que puede calificarse, desde esta perspectiva, como digno y prometedor, lo que no quiere decir que a veces empañe su labor con defectos ostensibles. Pero esta recreación de una historia real, la vida de Robin Cavendish, un joven inglés con enorme futuro al que una inesperada dolencia, la polio, le deja tetrapléjico, depara inequívocas virtudes. La más resaltable es que alienta una historia de amor contra viento y marea del propio Robin y de su mujer Diana Blacker, con la que se había casado poco antes y de la que esperaba un hijo cuando la tragedia se instala en su hogar.

Lo sorprendente de este proyecto es que ha sido alentado y producido por Jonathan Cavendish, padre de Robin, pese a que ya han pasado más de 30 años de la muerte del protagonista.

Planteada como un drama romántico, la cinta refuerza los tonos tiernos de la historia de amor para extremar el contraste y que se haga más terrible la súbita enfermedad de Robin. Todo empezó en Nairobi, la capital de Kenia, donde vivía entonces en plena felicidad y con un sólido empleo el matrimonio Cavendish. Robin sufre de forma súbita un ataque de polio, un mal incurable y de efectos demoledores y fulminantes que le obliga a esperar postrado en la cama y con brazos y piernas paralizados, la hora de su muerte. Solo la traqueotomía a la que es sometido impide que muera de inmediato, pero su esperanza de vida no rebasa unos pocos meses.

Ante semejante realidad, solo el amor de Diana y la presencia de su hijo recién nacido, evitan que la depresión acabe con el enfermo y que incluso luche para seguir adelante a pesar de su postración. En este sentido su caso será único en todo el mundo porque alargó su vida hasta niveles inéditos, convirtiéndose en un verdadero hito de la medicina. Lo peor, con mucho, aparte de un final que recrea en exceso el ternurismo, es la parte ambientada en España, aunque rodada en Sudáfrica, ciertamente ridícula por artificiosa y falsa y la filmación en exteriores, que afecta también a una Kenia que es, asimismo pero mejor disimulado, el citado país africano.

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